sábado, 12 de enero de 2008

Bajo la atenta mirada de la Alhambra, entre cañas y tapones conversaban el delfín y el menda sobre nuestras laboriosas vidas sentimentales, la carrera, la amistad, el futuro...
Quizás nos embriagara el hecho de pasear por las piedras de las lamentaciones, entre ese olor a cuero y hierbabuena que camina por la ciudad… O simplemente empezábamos a estar borrachos. El caso es que no nos quedaba otra que reírnos de nuestro eterno martirio de ser etiquetados siempre como personas fuertes y maduras. Porque para qué vamos a sufrir, si uno se puede reír.

Y es que los fuertes y maduros sabemos lo que queremos, y luchamos por ello. Vamos a por los problemas entrando a matar. Y si nos caemos nos volvemos a levantar. Y además de con la carga propia nos da por acarrear con la de los que remueven nuestro corazoncito... Pero espera un momento, ¿Y quién coño decidió que yo encajaba en eso? Mirusté, siendo realista, resulta que por muy vocacional que sea tu trabajo, es trabajo al fin y al cabo. Porque como dice mi puñetera madre, el trabajo es un castigo que nos manda el Señó.

Hay ocasiones en las que uno necesita que le reconozcan que seguimos viviendo con medio cascarón en la cabeza a lo Calimero, que aún estamos en proyecto de convertirnos en alguien. Que nos reconozcan el derecho a tener sentimientos infantiles y a eludir nuestras responsabilidades. Derecho a vivir unos añitos más en el mundo de Pocoyó. El derecho a cagarme de miedo con el camino a mi adultez. A hacerme el loco y a seguir andando haciendo como el que no lleva lentillas cuando me encuentro conmigo mismo de frente (ese maldito deslenguado aparece en el momento que menos me lo espero, qué cabrón). Llevo tanto tiempo opositando para promocionar a un mejor puesto en mí mismo que en algún momento necesitaba un descanso, pero no quiero que por rascarme el ombligo se joda todo: quiero una excedencia emocional.

Porque es que estamos en una edad mu mala, hombreyá. Que no sólo tenemos que adaptarnos a nuestros propios cambios, sino también a los de los que tenemos alrededor. Y realmente no sé cuál de las dos cosas me provoca más incontinencia.


viernes, 4 de enero de 2008

Pues sí que he empezado bien el año... Esta noche tengo el corazón y la cabeza tetrisficados. Y me temo que mis piezas no encajan.

GAME OVER

No me hagáis mucho caso, es tarde y me siento un poco triste... Y yo no estoy acostumbrado a sentirme vulnerable.


Creo que mi problema empezó cuando sentí que todo en mi vida se embalaba y se etiquetaba con una fecha de caducidad.

Echaba de menos tantas cosas antes de venir a casa...Y ahora las estoy disfrutando, pero me siento protagonizando un cortometraje al que le queda poca película. Una vez producido su destino será una carpeta de archivos temporales oculta en los circuitos de mi memoria.

Despedida y hasta más ver.

En un cierto momento desaparecí y al volver me doy cuenta de que todo ha girado. Y la avalancha del giro puede que arrasara con mi espacio.

¿Pero qué coño esperabas, niño? ¿Que todo te estuviera esperando en el momento en el que lo dejaste? Viniste echando de menos tu vida y ahora sientes la necesidad de huir de ella. O al menos de partes de ella. ¡Gilipollas!

En unos días volveré a perder mi vida perdida.

lunes, 31 de diciembre de 2007

Al año nuevo le pido...

Miradas. Cosquilleo. Nudos en el estómago. Besos. Deseo. Contracciones. Electricidad. Manos. Vibraciones. Ganas. Días. Noches. Revolución.


Tanta vida...



En un cierto punto una capa de hielo cubrió mis vísceras y órganos internos que, por mucho (o poco...) que calentaran mi piel, nunca llegó a derretirse.


Siempre fue más difícil meterse en mi cabeza que meterse en mi cama.
Y lo segundo ya es suficientemente complicado.


No nos engañemos: no quiero enamorarme. Pero a veces echo en falta que durante un pequeño período de tiempo alguien me exculpe de esta condena que me lleva a no conformarme, a que nunca nada me parezca suficiente. Echo en falta que alguien haga peligrar mi escudo helado.

jueves, 20 de diciembre de 2007

-Buenos días.
-Hola, ¿qué tal?
-Bien, pero estaré mejor después de acercarme a ti despacio y besarte…


You must not know about me, you must not know about me, I can have another you in a minute…

Mannaggia la miseria! El despertador me trae de vuelta desde la cueva de Morfeo. Me trae de vuelta al frío y a la lluvia, de vuelta a mi exámen oral de mañana. Con lo bien que estoy en la camita…

Mmmmmmmmm un poquito más, por favor

Ven conmigo y soñemos. Ven conmigo y vayamos lejos, muy lejos. Come away with me

domingo, 16 de diciembre de 2007

Se ha cumplido un año del nacimiento de El Blog de Danielo.

Un año desde aquel primer post con el que me presenté tímidamente. Joder, la de cosas que me han pasado desde entonces… En este tablón de recortes, pensamientos para-lelos, y paranoias varias ha habido espacio para todo: para lo banal, para los sentimientos, para la música, para la política, para los estudios, para el sexo, para vosotr@s, para ella. Siempre aderezado con música, fotos y vídeos del yutiú.

Mirando atrás veo todo lo que he crecido en un año, y la situación tan diferente en la que me encuentro ahora.

Un año desde aquel primer post en el que prometí ser yo mismo. Y creo que lo he llevado tan a raja tabla que en ocasiones he podido ser demasiado explícito, o demasiado bocazas, pero es que a mi madre se le olvidó parirme con pelos en la lengua.

Un año desde aquel primer post con el que empezasteis a pasear por mí. Y no sé si sabéis que todos los que habéis pasado por aquí os habéis mostrado tal y como yo os veo: los hay pudorosos, y los hay que no se callan ni debajo del agua. Hay de los que liberan su contención sólo en ocasiones, y los que nunca tienen nada que decir. También los hay que dicen sin tener nada que decir, pero que han preferido hacerlo en la verguenza, en la recámara.


Un año desde aquel primer post con el que empezasteis a guardar mis secretos…


Ed il resto è da scrivere, il resto è da vivere.

lunes, 10 de diciembre de 2007

Ya no es Navidad sólo en El Corte Inglés. Y con il panettone aquí llegan los exámenes...Pero, qué frío hace, joder, no tengo ganas de estudiar. Tengo ganas de quedarme debajo del edredón, que se está muy calentito.

Tampoco tengo ganas de ir al super, ni de ordenar la ropa...Tengo el cuarto que parece el Zara-Tara.

Según pasan los días me siento un poco menos de paso, cada vez me siento más de aquí. Pero no puedo evitar contar los días que quedan para volver a casa.

Volver a dormir en mi cama, a estar en mi cuarto, a tumbarme en mi sofá y a que me cuiden mis papis.

Volver a pasear por la playa con mi
perra espacial, a que la Luna no se esconda detrás de las nubes, a tomarme una cerveza mientras atardece en Pedregalejo con el delfín (cuando se cruzan nuestras aguas) o con el surrealista.

Volver a ir a mi facultad, a tomarme corriendo el café de la mañana con la chiparra (con dos sacarinillos). A ir a ver a mi madre cinco minutos para acabar hablando una hora con la chica labanda mientras me tomo un ColaCao con las nuevas galletas del Mercadona.

A echar unas canastas con los míos, y a salir después a divertirnos. A que
"mi novio" me trate como me merezco :)

Volver al Unicaja con la
Zanahoria y la acoplailla con su bufanda, y a irnos a tomar una tapita después. Volver hasta para esas jornadas de biblioteca que en el fondo acabo echando de menos...Volverte a ver.


sábado, 1 de diciembre de 2007

I'm sick and tired
of always

being sick

and


tired...


Uno de los cajones del blog de Danielo se cierra con llave. It's over.