I'm sick and tired
of always
being sick
and
tired...
Uno de los cajones del blog de Danielo se cierra con llave. It's over.
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sábado, 1 de diciembre de 2007
lunes, 29 de octubre de 2007
lunes, 13 de agosto de 2007
La ventana dibujaba su ciudad. Sentado contra ella, él las miraba a través de sus manos acariciando el papel al ritmo de la música. La luz se deslizaba por la habitación blanca, rozando su piel y haciendo que el reflejo cegara el pasado. Sólo importaba el presente, y lo que faltaba por venir. Entre el pecho y el cuello de ella la pequeña encontraba calor para ocultar sus ojos de aguamarina.
Ya hace casi un año.
En estas fechas de fiesta mis sombras y fantasmas se reúnen para salir de marcha por las casetas de la Feria. Y me regalan recuerdos de batallas atrincheradas en las que algunas balas se clavaron demasiado dentro de mi cuerpo.
Cuando finaliza el espectáculo y los focos se apagan, el silencio me inunda. Y con la oscuridad me pierdo en el desorden de mi habitación, buscando y rebuscando algo que se me ha perdido, pero sin saber lo que quiero encontrar. Pero si no lo encuentro no sé lo que haré.
¿Cómo aprender si no te encuentro en tus ojos ni en tu manera de tocarme?
Y cada noche vendrá una estrella a hacerme compañía, que te cuente cómo estoy y sepas lo que hay.
lunes, 16 de abril de 2007
Well I can't explain why it's not enough
Cause I gave it all to you
It's time to surrender, it's been too long pretending
There's no use in trying when the pieces don't fit anymore
The pieces dont fit here anymore
Oh, don't misunderstand how I feel
Cause I've tried, yes, I've tried
But still I don't know why
lunes, 19 de marzo de 2007
Odio los lunes
Como de costumbre, se suceden acontecimientos que me llevan de forma inexorable a torbellinos internos. El epicentro del seísmo se da en mi estómago hace varios días, cuando encuentro recuerdos sin buscar: Yo me quedo contigo. Al leer estas palabras vibran todas las fibras de mi cuerpo. Porque me recuerda lo que fue y lo que pensaba que podía seguir siendo. Con otra envoltura, pero con esencia imperturbable.
Le suceden imágenes que me asustan, y ya se me olvida olvidarme de recordar. Entonces cualquier excusa es buena para evocar, y sólo pienso en lo genial que era todo, incluso antes de que se cruzaran también las hormonas de por medio.
Hoy fue lunes y yo llevo seis meses de incomprensión. Seis meses en los que me ha tocado aguantar y entender, por ser el fuerte, y estoy harto. Pero a estas alturas me siento tan lleno de mierda que me veo incapaz de desaparecer. Me gustaría reunir la suficiente cobardía como para poder salir corriendo y dejar que el mundo girara, vivir en la ignorancia. Pero no puedo. Aunque tenga menos derechos que cualquiera (precisamente por ser alguien) te cuidaré en la distancia.
Ma sono spaventato di non sparire...
viernes, 16 de marzo de 2007
Sunny Day
Hoy he terminado las clases a las 12, y como hacía un día fantástico he decidido deambular un rato por las calles del centro, que le tengo muy abandonado. Bandolera al hombro, he descrito mi trayectoria por las callejuelas admirándolo todo, como si no hubiera seguido el mismo itinerario cientos de veces.
Primera parada: Proteo. Al salir, noto que alguien sigue mis pasos. Juego... y gano un ya te llamaré. Sigo mi camino hasta calle Larios y desfilo por la glamourosa (y llena de mierda) alfombra roja. Entre flashes y autógrafos inventados tengo tiempo para pensar que me voy a dar un capricho, y me voy a comprar algo de ropa. Peligro: un error del pasado acecha la tienda en cuestión, y decido desaparecer.
Una vez fuera, me seduce la idea de ir a buscar historias a Luces (o Lances, según se mire). Al poco de ojear encuentro lo que buscaba. Me siento a leer mientras el sol cae sobre mí. Sonrío, estoy contento. Cuando me voy, me encuentro con una historia mucho más personal, en la que soy protagonista (más bien, el antagonista): una chica enferma, con compañía enferma, y que en ocasiones ve muertos. La delata su cara al mirarme, pálida, desencajada.
Con el bonito día que hace, le digo telepáticamente.
domingo, 11 de febrero de 2007
Perder el miedo a las emociones
El destino parece tener un pacto conmigo. Me lo demuestra cada vez que me toca afrontar momentos importantes en mi vida, guiñándome sin ningún disimulo.
Ayer fue uno de los días más largos que recuerdo. Fue un día ahogado por el frío del silencio, y por el hecho de saber que un silencio mucho más crudo se avecina. La tarde transcurrió empapándome de Jacques Derrida, gracias a una de esas personas que un día aparecen sin saber muy bien cómo, pero que te aportan algo interesante. E intenté liberarme, mediante lágrimas y letras, de la pena que sentía.
Desenamorarse puede ser el inicio de amar, de ver a la persona sin el ropaje de lo accesorio y de lo puesto por la imaginación, de verla sin prisas, sin urgencias, sin exigencias, sin perspectivas. O puede ser el inicio de ver que no había nada debajo. Que sólo era la superficie. Que sólo era la proyección.
Hoy ha sido un día nuevo, con una nueva perspectiva. Pero según avanzan las horas, esa nueva visión se va desmoronando. Llego a casa y leo a Silvia Salinas: Hay dos posturas, o estás en el amor o estás en el miedo al amor. El peor enemigo del amor es el miedo al dolor. El amor viene cuando uno se muestra en la verdad, sea la debilidad o la fortaleza.
Nunca he entendido la necesidad de clasificar el amor, ni los límites que establecen cada etiqueta. Querer a una persona, sea cual sea la situación, no puede significar miedo, no puede significar una careta. Debe significar perderle el miedo a sentirte desnudo delante de la otra persona. No importa el qué, el quién es lo único que permanece.
Necesito ayuda. Necesito que alguien me diga que me entiende. Necesito que alguien me explique cómo se puede renunciar al quién porque duele el qué. Necesito saber que es el quién la razón por la que me han amado. Necesito saber que todo era algo más que la superficie.
viernes, 9 de febrero de 2007
jueves, 4 de enero de 2007
Arquitectura efímera
Habrá que empezar a asumirlo, por el momento hemos fracasado. Los motivos que nos llevaron a tomar esta decisión no nos están llevando a nada. Siempre supe que es mejor, cuando hay que hablar de dos, empezar por uno mismo. Pero hoy puede que me haya dejado embargar por la arrogancia: es una culpa que desde luego no pretendo aguantar sobre mis hombros.
No has roto conmigo, has roto contigo. Has construido un escenario a tu alrededor en el que ha desaparecido todo lo antes era tuyo, y lo que era mío. Lo que era nuestro. Huyes, escondes la cabeza. Te refugias donde sabes que no puedo llegar.
Pero lo que no sé si sabes es que tu arquitectura está llena de significados simbólicos, sintéticos. Y yo sé leerlos.
miércoles, 27 de diciembre de 2006
Hoy los buenos recuerdos se caen por las escaleras
El problema que tiene escribir un blog es que pueden pasar los días y que los acontecimientos consigan que se te quede cara de gilipollas (esto es herencia de mi madre, es que hablamos muy mal) al volver a leer lo que has escrito. Pero sin duda, mucho más grave que la cara es que se te quede la sensación de ser un gilipollas. Fácil sería, en mi estado de asco actual, emborronar los colores, pero creo que es mejor mantenerlo para que con el tiempo pueda ver como han ido transcurriendo las cosas.
Y mi asco me lo provoca una frase: te quiero. Creo que es de las cosas que menos me gusta que me digan. Odio el amor dicho. Sobre todo porque si no se aceptan las consecuencias que conlleva decir esas dos palabras, tan fáciles de decir, pueden caer sobre ti como un jarro de agua helada. Yo sin duda soy más de besos y abrazos. Pero un beso no tiene porque ser físico, puede ser insistir en querer verte. Y un abrazo puede darse con un chicle de hierbabuena. Cuando dicen que le importas a alguien, caes en el error de esperar que esa persona tenga un mínimo de consideración por lo que sientas. ¿Ni siquiera me merezco eso de ti?
miércoles, 13 de diciembre de 2006
Colores
Cuando nos conocimos tú eras verde y yo era rojo, y no imaginábamos (o quizá sí) que más adelante se mostrarían los verdaderos colores. Entonces, una fría noche encontramos calor bajo la luz del neón azul. Pero era un calor distinto a los anteriores, un calor que, además de quemarnos la piel, hacía arder las cerillas que hasta entonces estaban guardadas. Y pasaron 3 años ardiendo cerillas de colores casi sin darnos cuenta... hasta que todo comenzó a tornarse negro, tiznado por las cenizas que ya no estábamos dispuestos a limpiar. Probablemente suene extraño, y más probable aún es que lo sea, pero quiero seguir cuidando que el viento no despeine tu flequillo. Si no nos entienden es porque los demás no se preocupan de ver el color de la luz que desprenden sus fósforos al consumirse. A día de hoy, te doy gracias por estar a mi lado y apoyarme, sé que has hecho un gran esfuerzo. Siempre estaré aquí.
Dice la canción que hay llamas que ni con el mar. Los dos sabemos que ahora mismo esa llama nos devoraría, pero seguiré guardando en mi caja cerillas de colores por si algún día queremos volver a quemarlas juntos. Y, ¿sabes qué? Entonces seguro que la luz teñirá todo de blanco.
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