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viernes, 4 de septiembre de 2009

Se acabaron nuestros paseos nocturnos por la playa, sintiendo la arena fría entre los dedillos de los pies, nadando en el agua transparente hacia el reflejo de la Luna. Imaginando por un momento que ascendíamos y flotábamos en el espacio sin ninguna preocupación. Porque nuestra cabeza siempre vivió en la Luna.


No habrá más mimos ni besos incondicionales cuando llegue a casa, aunque el día haya sido una mierda, aunque yo no pueda tener el cable más cruzado. Ni nadie me esperará con impaciencia que abra la puerta del coche para plantar las patas encima mía y estirar la cabeza desviviéndose por llegar a darme un lametón en la cara.

Ni nadie me tocará las narices cuando me vaya a la biblioteca a estudiar mientras otros se echan la siesta a la sombrita y panza arriba.



Porque la perra espacial cogió un cohete y se fue sin mí. Sólo espero que de vez en cuando me recuerde para vigilarme desde su nave espacial :(

lunes, 18 de junio de 2007

I live among the creatures of the night.

Me gusta la soledad que me concede la noche.
Anoche quise hablar con la Luna. Bajé a la playa y me metí en el agua. Quería abrazarla, así que nadé hacia su reflejo. Pensaba en esas personas con las que comparto mis recuerdos, en esa memoria íntima y privada entre dos.

La memoria es lo que nos une, y también lo que nos separa.

Hoy, aunque hace ya rato que es mañana, imagino este post-el desde la explanada de la biblioteca, con el viento de cara y flamenco chill-out de fondo.

miércoles, 30 de mayo de 2007

Cuando después de un día fuera vuelvo a casa y meto el coche en el garaje, hay alguien que me espera sentada en el porche. Da igual que yo esté enfadado o que tenga uno de esos cabreos irracionales que pago con el mundo, ella me sonríe siempre.

La veo a través del cristal de la ventana y me devuelve la mirada atentamente. Yo soy de los que lleva la radio puesta y canto a grito pelao, así que cuando paro el coche le canto sobreactuadamente con la ventanilla subida. Ella empieza a ponerse nerviosa, se levanta y da vueltas, para terminar sentándose de nuevo. Entonces abro la puerta lo justo para oírla empezar a quejarse porque su cabeza no cabe por la rendija que le dejo. Y aun siendo así de malvado, ella me espera al día siguiente en el mismo sitio para repetir la secuencia.

Los días que salgo de casa con gorra y vaqueros viejos, Kira corre escaleras abajo porque sabe lo que viene a continuación. Yo la sigo tranquilamente, camino de la correa. Cuando finalmente la ve en mi mano, emprende el camino inverso (pero con el mismo entusiasmo), y se sienta en la puerta de esa forma tan característica, con las patas traseras y delanteras en escalones distintos.

En otras circunstancias, ella lamería y olería mis manos al acercarlas a su cuello. Pero está inmóvil esperándome, aunque sus gemidos delaten su impaciencia. Una vez amarrada, se gira y mira a la puerta deseando que la abra para que salgamos a buscar a la Luna.

miércoles, 21 de marzo de 2007

De mayor quiero ser Amélie Poulain







Y si el niño llora

menguará la Luna
para hacerle una cuna





Esta noche Selene ha sido generosa y ha dibujado una enorme sonrisa plateada en el cielo para que a ninguno se nos olvide sonreir.

La luz del claro de Luna iluminaba una margarita amarilla que surgía abriéndose paso en medio del cemento de la ruinosa acera de mi calle.

En su tiempo libre, Amélie disfruta con las pequeñas cosas de la vida: buscar formas en las nubes, lanzar piedras a los estanques para que reboten sobre la superficie, hundir la mano en un saco de legumbres, partir el caramelo quemado de la crema catalana con una cucharilla, y, sobre todo, dejar volar su imaginación.

P.D: Paquito, no hace falta que arregles esta acera, que a mí me encanta como está.

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sábado, 3 de marzo de 2007

La espía de la noche


Hoy el astro nocturno se ocultará en la opacidad del cielo estrellado, al interponerse la Tierra tra il fratello Sole e la sorella Luna.

Yo estaré esperando en la playa a que mi confidente vuelva a emerger de su guarida para devolverme la sonrisa como cada día.

jueves, 8 de febrero de 2007


Como casi a diario, esta noche he salido de paseo para contarle mi día a la Luna.
Hoy ha querido jugar y se ha escondido, pero cuando volvía, justo en la puerta de mi casa, ha salido de su escondite.
Y me ha sonreído.