Ya parece que no hay ruido en la escalera, así que cojo mi silla y me planto en el descansillo... Edificio wi-fi, porque yo lo valgo.
Fascículo de la vida de un Erasmus
Como se supone que nos dan una beca para estudiar, ayer decidimos ir a ver a nuestra coordinadora para que nos conociera y nos guiara un poco. Cuando encontramos el despacho entré con cara de pardillo y con un conflicto mental entre las conjugaciones de los verbos para intentar que lo que saliera por mi boca tuviera un mínimo de sentido y, encima, fuese algo formal. Pero, iluso de mí, que pensé que lo difícil sería presentarme… Cuando nuestra profesoressa empezó a hablar descubrimos que en esta región del país hay italianos che parlano cozì. ¡Habla como el Pato Lucas la cabrona!
Tu zei di Cazzino? Y una mierda, ¡tú eres de Coín, por lo menos!
A la hora de la comida tenemos pollo a la cerveza y comida congoleña en el piso de Toti-Toti. Es la comida más cosmopolita que recuerdo, aderezada con italiano apache y lenguaje de signos.
Por la tarde nos encontramos a nuestra querida ex-casera en nuestro ex-piso, y pretende hacerse la loca con el tema de la fianza. Deben molarle los deportes extremos, porque la conversación transcurre en la escalera. Que yo me pongo en plan Chinchón King sin ningún tipo de problema… Menos mal que lo que nos espera al final de la escalera son los crêpes con plátano y chocolate del paparazzi bretón y una botella de Lambrusco. Mmm cómo me gusta a mí el Erasmus.
Pero lo dicho, que vengo a estudiar, así que hay que levantarse tempranito para ir a clase. Cuando llegamos tenemos que pedir ayuda a nuestra amiga de portineria para encontrar el aula, esto parece la vuelta al primer año de facultad. La encontramos finalmente y llega ese tenso momento en el que entras por la puerta con toda tu cara de extranjero y todos se giran al unísono para mirarte y pensar: ¡mira este pringao! Nosotros a lo nuestro, charlando mientras esperamos. Y después de un rato, ¡coño!, que no hay clase. ¡Así da gusto empezar de nuevo la facul!
Fascículo de la vida de un Erasmus
Como se supone que nos dan una beca para estudiar, ayer decidimos ir a ver a nuestra coordinadora para que nos conociera y nos guiara un poco. Cuando encontramos el despacho entré con cara de pardillo y con un conflicto mental entre las conjugaciones de los verbos para intentar que lo que saliera por mi boca tuviera un mínimo de sentido y, encima, fuese algo formal. Pero, iluso de mí, que pensé que lo difícil sería presentarme… Cuando nuestra profesoressa empezó a hablar descubrimos que en esta región del país hay italianos che parlano cozì. ¡Habla como el Pato Lucas la cabrona!
Tu zei di Cazzino? Y una mierda, ¡tú eres de Coín, por lo menos!
A la hora de la comida tenemos pollo a la cerveza y comida congoleña en el piso de Toti-Toti. Es la comida más cosmopolita que recuerdo, aderezada con italiano apache y lenguaje de signos.
Por la tarde nos encontramos a nuestra querida ex-casera en nuestro ex-piso, y pretende hacerse la loca con el tema de la fianza. Deben molarle los deportes extremos, porque la conversación transcurre en la escalera. Que yo me pongo en plan Chinchón King sin ningún tipo de problema… Menos mal que lo que nos espera al final de la escalera son los crêpes con plátano y chocolate del paparazzi bretón y una botella de Lambrusco. Mmm cómo me gusta a mí el Erasmus.
Pero lo dicho, que vengo a estudiar, así que hay que levantarse tempranito para ir a clase. Cuando llegamos tenemos que pedir ayuda a nuestra amiga de portineria para encontrar el aula, esto parece la vuelta al primer año de facultad. La encontramos finalmente y llega ese tenso momento en el que entras por la puerta con toda tu cara de extranjero y todos se giran al unísono para mirarte y pensar: ¡mira este pringao! Nosotros a lo nuestro, charlando mientras esperamos. Y después de un rato, ¡coño!, que no hay clase. ¡Así da gusto empezar de nuevo la facul!
Acaba salir un tío por la cara de una de las oficinas y nos ha calado a los tres sentados en la escalera con los portátiles y las zapatillas de andar por casa. ¡No son horas de estar trabajando, hombre ya! Como mañana no tenga internet me sé de otro que va a rodar por la escalera...