Me encanta viajar en tren. Me entretengo con la película que se proyecta a través de la ventana... 

El tren me recuerda a aquel viaje de caracoles (con la casa en la espalda) por el país al que me traslado temporalmente.
Me recuerda a peleas con mercaderes florentinos y con cristaleros venecianos. A crucigramas inacabados y a sandwiches de mortaleda boloñesa.
Me recuerda a abejas asesinas que nos roban la merienda, y a hostaleros con cara de psicópata. A tomates cenados a bocados, a tapones de cantimplora cayendo por la cúpula del Vaticano y a banderas gays de la paz.
Me recuerda a chinas haciéndonos fotos ilegales y a helados de todos los sabores. Y a la Plaza de San Marco, a Santa María del Fiore, a la Plaza de España...
Me recuerda a las ¡¡postales!!...y a vosotras.