Ya se han ido dos meses del nuevo año, y con ellos las vidas de 14 mujeres, asesinadas por sus parejas. La progresión se sigue tan a rajatabla que parece acordada de antemano: es la misma cifra de víctimas en el mismo período que hace dos años, y una más que el año pasado. Mujeres de entre 25 y 85 años. De todas las regiones y clases sociales. Hace ya año y medio que "funciona" la Ley Integral contra la Violencia de Género, pero la estadística sigue siendo una bofetada de realidad. El problema se niega a desaparecer y sigue criándose dentro de una cultura machista que es su caldo de cultivo. ¿Cuándo nos libraremos de nuestra identidad genital? A estas alturas de la historia seguimos tolerando los rancios estereotipos del machoman y la mujer florero: ellos tienen el poder y ellas no son más que bonitas posesiones. Los niños siguen teniendo que jugar al fútbol y las niñas a las cocinitas.
Es escalofriante pensar que la mayoría de las mujeres asesinadas ni siquiera llega a denunciar los malos tratos, atormentadas por una dependencia que les lleva a perdonar paliza tras paliza, o incluso a aceptar su culpa y el merecimiento del sangriento castigo.
Nadie tiene derecho a ser el centro de tus desgracias. No hay más solución que encarar el problema. Gritar salir. Salir corriendo.
Tus ojos te pertenecen.