Y es que hoy se cumplen dos años desde que este rompicoglioni decidiera dejar constancia en la red de sus desvaríos.
Joder, dos años ya… De coña, ¿eh? Dos años que han significado tanto en mi vida, además. Porque quien escarbe un mínimo se dará cuenta de que todo esto comenzó en un momento crítico para mí, animado por una persona de éstas que pasa por tu vida gracias a una extraña sucesión de ¿casualidades?, y de hecho no llega a quedarse. Pero por algún motivo, casi sin saber cómo, te aporta algo. En mi caso, ya ves tú, algo tan tonto como animarme a escribir un blog. Y sin embargo quizás nadie sepa nunca lo importante que ese pequeño y aparentemente insignificante gesto ha supuesto para mí.
Dos años en los que he dado tantas vueltas como mi corazón me pedía a gritos. Es cierto, puede que no sea la misma persona. Ahora sé lo que quiero, y sobre todo, lo que no. Ahora nunca se me olvida ponerme la sonrisa por las mañanas (después del Actimel y el café, eso sí). No se me olvida llorar de la risa, ni llorar de los nervios. No se me olvida sangrar si me pinchan. Sé quién soy, sé hacia dónde voy. Aunque ese destino sea donde me lleve el viento. Y todos estáis invitados a seguir visitando mi universo para-lelo.
So… won’t you
come into my world?

